- La carne de conejo no engorda, al menos no por sí sola y dentro de una alimentación equilibrada. El aumento de peso depende del conjunto de la alimentación y del balance entre la energía que ingerimos y la que gastamos.
- Si buscas mantener un peso saludable, la carne de conejo es una opción ideal al ser magra, baja en grasa y rica en proteínas.
No, la carne de conejo no engorda, al menos no por sí sola y dentro de una alimentación equilibrada. De hecho, es una de las carnes más interesantes para una alimentación orientada al control o pérdida de peso, gracias a su bajo contenido en grasa y alto aporte de proteínas.
El aumento de peso depende principalmente del balance energético. Si durante un tiempo ingerimos más energía de la que gastamos, ese exceso favorecerá que ganemos peso en forma de grasa.
Ahora bien, la composición de los alimentos puede ayudarnos a mantener ese equilibrio. Aquellos que aportan pocas calorías y resultan saciantes hacen más fácil controlar la cantidad de energía que consumimos.
La carne de conejo reúne precisamente varias de estas características que la convierten en una buena opción para mantener un peso saludable.
¿Cuál es la carne que menos engorda?
La carne de conejo es una de las carnes más magras y con menor contenido en grasa, por lo que se sitúa entre las que menos engordan. Dependiendo de la pieza, 100 g de carne de conejo aportan entre 100 y 140 kcal y entre 3 y 6 g de grasa.
A esto se suma su contenido en proteínas, que también juega a favor cuando buscamos perder grasa corporal. La proteína es el macronutriente que más sacia y el que requiere un mayor gasto energético para ser procesado por nuestro cuerpo: aproximadamente un 20-30 % de la energía que aporta se utiliza durante su digestión, absorción y metabolismo.
Consumir carne de conejo ayuda a conservar la masa muscular, gracias a su contenido en proteínas. Esto es importante, sobre todo, cuando buscamos perder grasa sin perder músculo. Además, mantener el músculo también contribuye al gasto energético ya que a mayor músculo más calorías requiere el organismo para su mantenimiento y actividad. Por ello, es recomendable combinar un aporte adecuado de proteínas con ejercicio de fuerza.
La carne de conejo contiene unos 23 g de proteínas por cada 100 g, lo que ayuda a prolongar la sensación de saciedad y a controlar mejor el hambre y el picoteo entre comidas.
Cómo cocinar carne de conejo para cuidar la alimentación
Al horno, a la plancha o guisada, la carne de conejo ofrece formas sencillas y versátiles de preparación si quieres cuidar tu alimentación y tu peso.
Añadir verduras al cocinar la carne de conejo aporta volumen al plato con pocas calorías. Su contenido en agua y fibra contribuye, además, a aumentar la saciedad. Puedes acompañar la carne de conejo con un pisto, una menestra, una ensalada o una bandeja de verduras al horno.
No es necesario eliminar los hidratos de carbono a la hora de cocinar la carne de conejo por miedo a engordar. Patata, boniato, arroz, pasta, pan o quinoa pueden completar el plato, adaptando la cantidad a tus necesidades y nivel de actividad física. En alimentos como el arroz, la pasta o el pan, puedes optar por versiones integrales, que aportan más fibra y pueden ayudar a aumentar la sensación de saciedad.
Conviene también prestar atención al aceite que utilizamos al cocinar la carne de conejo. Aunque sea un alimento saludable, 1 cucharada aporta alrededor de 100 kcal. En este caso, un pulverizador puede ayudarte a dosificar mejor la cantidad.
En definitiva, la carne de conejo no engorda por sí sola sino que es un alimento que nos puede ayudar a mantener nuestro peso y cocinarla de forma adecuada también ayuda a cuidar la alimentación. Acompáñala de una generosa cantidad de verduras, adapta la ración de hidratos de carbono a tu actividad física y presta atención al aceite que añades. Cómo la prepares, con qué la acompañes y las cantidades que consumas influirán en las calorías del plato, pero también en cuánto te sacie.
La información proporcionada en este artículo es solo para fines informativos y no debe considerarse un sustituto del consejo, diagnóstico o tratamiento médico profesional. Consulta a tu médico u otro profesional de la salud cualificado ante cualquier pregunta que puedas tener sobre una condición médica o tratamient